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HUELLA DEL CARBONO DEL VINO, P. Cavieres y G. Fuen...

HUELLA DEL CARBONO DEL VINO, P. Cavieres y G. Fuentes

Existen muchas expectativas con respecto a los acuerdos que se van a tomar  en noviembre de 2009 en   la próxima Conferencia de Copenhagen,  con relación al Calentamiento Global y  Cambio Climático.

No cabe duda que en este evento uno de los temas a tratar será la denominada “Huella o Trazabilidad de Carbono” .En otras palabras,   las exigencias a que deben someterse los países para reducir las emisiones de  GEI – Gases Efecto Invernadero –  de lo que producen, así como  de las emisiones de los países  exportadores de materias primas y  alimentos,  como es el nuestro.

La certificación de la trazabilidad o huella de carbono va ser el instrumento que van exigir los países compradores  para seleccionar  que productos y de que país los van a importar. Como señalaba recientemente el Ex Presidente Lagos – en el Seminario Mes de la Energía del Colegio de Ingenieros  – si Chile desea continuar expandiendo sus exportaciones, va a tener que implementar  procesos de producción mas eficientes, que  gasten menos energía y emitan menos GEI.

En este escenario, después de la minería,  el sector  mas sensible es la agricultura, debido a  la participación que tienen las exportaciones en el  comercio exterior y en el producto interno bruto del país. Si bien en el contexto mundial,  Chile  participa con menos del 0,3 % de las emisiones de  dióxido de carbono – CO2 –  del planeta,  con aproximadamente 75 a 80 millones de toneladas por año,  existe preocupación porque el nivel de emisiones ha aumentado en los últimos años comparado con el resto de los países de latinoamerica y el caribe.

La emisión de CO2  per capita alcanza a   5 ton/por persona/año, siendo que el desafío mundial establecido para el año  2050 es de  1 ton. por persona/ año, única forma de evitar que el aumento de temperatura del planeta alcance a 6° C. y que el colapso ambiental sea irreversible.

Si bien los países desarrollados han conseguido desacoplar el crecimiento con el gasto de energía y consecuentemente de emision de GEI, para los países en desarrollo  como Chile se hace bastante más difícil, sobretodo por  la enorme dependencia de combustibles fósiles  y la cantidad de plantas termoeléctricas a carbón que existen y otras que se instalarán  en los próximos años.

Hay que resaltar que en el año 2008, solo por concepto de la combustión de  5 millones de toneladas de carbón  en el país, se emitieron  a la atmósfera mas de  18 millones de toneladas de CO2, que corresponde aproximadamente al 22,5 % de la emisión total del país y a 1,1 ton/persona/año.

Aunque  la participación de la agricultura chilena en el total de emisiones es baja,  se prevé que a corto plazo los países desarrollados van a imponer fuertes restricciones a las importaciones,  en virtud de la huella de carbono que presentan nuestros productos, además de la que se genera  por concepto de  transporte  hasta los  mercados consumidores.

En este sentido los  importadores van a adquirir productos   que presenten la menor huella   de carbono y de mercados   mas cercanos. De esta manera, los productores del Hemisferio Sur van a tener que hacer grandes esfuerzos, para que la reducción de las emisiones pueda compensar  las  emisiones  que se van a generar por concepto de transporte hasta  los mercados localizados en el Hemisferio Norte.

De los  productos agrícolas que más exporta Chile,  el vino es – después de la uva de mesa y la manzana -, probablemente el que presenta mayores emisiones  de CO2 considerando el proceso completo de producción de la uva y del vino.

Si bien no existen estudios  acerca de las emisiones de GEI en el proceso de producción de uva y de vino en Chile, a partir de índices obtenidos en otras fuentes,  según nuestras estimaciones  en el proceso de   fermentación de la uva para la producción de vino en el año 2008,  las emisiones de  CO2 alcanzaron aproximadamente a  33,2  mil toneladas,   de las cuales 23,1 mil  toneladas correspondieron al vino exportado.

Con respecto al metano,  mediante    la biodigestión anaeróbica del orujo y de los residuos de toda la  industria de vino, se podrían producir  mas  40 mil metros cúbicos de biogás, el que serviría como combustible  para  generación de energía eléctrica y térmica.  Hay que considerar que el  efecto invernadero del metano  es 21 veces más dañino  que el CO2. Por lo tanto, su captura y utilización contribuiría a mejorar substancialmente la huella de carbono.

Aunque el dióxido de carbono que se libera en el proceso de producción de la uva se considera neutro – ya que el carbono es reciclado  durante  la fotosíntesis –  particularmente  las emisiones que se liberan durante la vinificación,  pueden ser capturadas y utilizadas en una serie de procesos agroindustriales reduciendo su impacto ambiental.

En países desarrollados, la mayor parte de los productores de bebidas alcohólicas capturan el CO2  que se libera durante la fermentación,  el que por sus propiedades lo utilizan en el proceso de producción y envasado. Cuando tienen excedentes se utiliza como efervescente en la industria de bebidas carbonatadas, conservación de alimentos, packing de frutas, refrigeración (hielo seco) , etc.

En Chile, curiosamente   las bodegas de vino deben comprar el CO2 que necesitan. ¿De donde proviene este CO2?  Lamentablemente las pocas empresas que suministran este gas, lo obtienen  mediante la quema de combustibles fósiles  a través de tecnologías de captura y purificación.

A nuestro juicio, la captura y purificación del CO2  en la industria del vino en Chile es viable y absolutamente necesaria para  ser implantada a la brevedad,   ya que  a corto o mediano plazo va ser imposible exportar si la huella de carbono  del producto chileno es superior al de nuestros mayores competidores localizados en el hemisferio Sur como son Nueva Zelanda, Australia, Africa del Sur y Argentina que ya realizan la captura del CO2.

El proceso industrial consta de 10 pasos, iniciándose  en la captura de este gas en los estanques fermentadores de la uva, pasando por el lavado, compresión, purificación, secado, liquidificación hasta llegar a los estanques de almacenamiento, donde queda disponible  para su uso en la misma bodega o para la venta de los excedentes.

Es importante señalar que una planta de captura y procesamiento del dióxido de carbono ocupa poco espacio físico para funcionar y el gasto de operación es relativamente bajo.

En consecuencia,  la agroindustria del vino debe pensar seriamente en contar con  esta tecnología de captura de dioxido de carbono  y  del metano (a traves del tratamiento anaerobico de los residuos) , pues  a corto o mediano plazo,  será  indispensable  para certificar la huella de carbono .

Patricio Cavieres Korn
Ingeniero Agrónomo
Comision de Agronergia
Guillermo Fuentes Espinoza
Técnico Industrial
Recuperación de CO2

 


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